Las estaciones del año son muy importantes en Japón y cada una tiene sus propias tradiciones y rituales. Al igual que en nuestro país, el otoño japonés se caracteriza por un acortamiento progresivo de las horas solares y, sobre todo, por el cambio de colores y posterior caída de las hojas de los árboles.

En Japón llaman a este fenómeno momiji que significa que "teñirse de rojo" en referencia a los preciosos colores que toman las hojas, especialmente las de los arces. Aunque durante la primavera y el llamado Hanami (cerezos en flores) los jardines están espectaculares, el otoño es la época preferida por los nipones para pasear y observar los cambios propios de la estación. De hecho, incluso hay una palabra para definir esta acción de salir a pasear y contemplar las hojas rojas, "momiji-gari".

Aunque esta contemplación se puede hacer a cualquier hora y cualquier día, es típico hacer excursiones y escapadas de fin de semana para poder aprovecharlo al máximo. De hecho, el otoño y concretamente en el mes de octubre, es uno de los mejores momentos para disfrutar del aire libre en el país, ya es una época cálida pero sin el calor y la humedad del verano y no suele ser especialmente lluviosa.

Salvando todas las distancias, el momiji en Japón es lo que para nosotros sería ir a buscar setas en el bosque o bien ir a pasear en bosques también de colores espectaculares como el de la Fageda d'en Jordà en Olot. También hay otra cosa que tenemos en común, la castaña, uno de los frutos típicos de la estación y con el que se elaboran un wagashi tan tradicional como el Kurimaju. En la pastelería también lo utilizamos para elaborar el precioso Montblanc de base de pasta de filo con nata y crema marron glacé.

Kurimanju

Kurimanju

Montblanc

Montblanc

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